Los regímenes económicos matrimoniales. El derecho español prevé una serie de efectos patrimoniales al matrimonio. La forma en que se regulen los bienes de la pareja, serán las que los esposos quieran darse en capitulaciones matrimoniales, sin más limitaciones que las establecidas en el código, siendo hoy día los más habituales el régimen de gananciales y la separación de bienes.

Independientemente del régimen estipulado, existen una serie de peculiaridades sobre los del matrimoniales, entre otros, su sujeción al levantamiento de las cargas del matrimonio, la posibilidad de que uno de los cónyuges de hacer deudor al otro por deudas adquiridas en el ejercicio de la potestad doméstica, así como la necesidad de consentimiento del otro para transmitir un inmueble que sea propio, cuando este constituya el domicilio familiar.

Características de los regímenes económicos matrimoniales

Pasaremos a comentar las características más relevantes de los dos regímenes más habituales:

La sociedad de ganancialesLos regímenes económicos matrimoniales

Será el régimen existente en caso de que los cónyuges no hayan otorgado capitulaciones matrimoniales, conforme al artículo 1316 del C.C. El efecto más característico de éste régimen es que las ganancias o beneficios obtenido por los cónyuges constante el matrimonio son adquiridos por la sociedad, lo que implica que es esta sociedad, y no los cónyuges individualmente consideraros, quién adquiere la propiedad, correspondiendo la mitad de los bienes de la sociedad a cada cónyuge, en caso de ruptura matrimonial, indistintamente de quién los hubiera aportado.

 No obstante, prevé el Código Civil una serie de bienes, que pertenecerán al cónyuge de manera privativa, pese a que rija la sociedad de gananciales:

  1. Los que le pertenecieran antes de comenzar la sociedad.
  2. Los que adquiera después por título gratuito.
  3. Los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos.
  4. Los adquiridos por derecho de retracto perteneciente a uno sólo de los cónyuges.
  5. Los bienes y derechos patrimoniales a la persona y no transmisibles inter vivos.
  6. El resarcimiento por daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges o a sus bienes privativos.
  7. Las ropas y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor.
  8. Los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio, salvo cuando éstos sean parte integrante o perteneciente a un establecimiento o explotación de carácter común.

Por el lado contrario, serán bienes gananciales:

  1. Los obtenidos por el trabajo o la industria de cada uno de los cónyuges.
  2. Los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales.
  3. Los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos.
  4. Los adquiridos por el derecho de retracto de carácter ganancial, aún cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora  del cónyuge por el valor satisfecho.
  5. Las empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes. Si a la formación de la Empresa o establecimiento concurren capital privativo y capital común, se aplicará lo dispuesto en el artículo 1.354

            Estos bienes comunes responderán del sostenimiento de la familia y  la alimentación y educación de los hijos comunes. Igualmente responderán de las deudas contraídas por cualquiera de los cónyuges, siempre que dichas deudas se contraigan en ejercicio de la potestad doméstica o en el ejercicio ordinario de la profesión del cónyuge, así como de las contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del otro.

El régimen de separación de bienes

A diferencia del anterior régimen, que opera cuando los cónyuges no hubieran pactado nada, el régimen de separación de bienes operará cuando los cónyuges así lo hubieran convenido en capitulaciones matrimoniales, o bien, cuando en capitulaciones matrimoniales rechacen el régimen de gananciales, sin establecer otro.

La nota esencial de éste régimen es que, serán de cada uno de los cónyuges, de manera privativa, todos los bienes que tuvieran al momento de contraer matrimonio, y además, corresponderá la propiedad a cada uno de ellos de los bienes que adquieran constante matrimonio por cualquier título.

No existe aquí una sociedad que adquiere los bienes, sino que los bienes serán de cada uno de los cónyuges, estando ambos obligados con sus bienes a contribuir a las cargas del matrimonio, que a falta de acuerdo, se hará en proporción a los recursos económicos de cada uno.

En este régimen, las obligaciones contraídas por cada uno de los cónyuges serán de su propia responsabilidad, a excepción de las contraídas en ejercicio de la potestad doméstica, en cuyo caso, responderán de manera subsidiaria los bienes del cónyuge que no se hubiera obligado.

En caso de disolución del matrimonio, éste régimen permite un reparto más sencillo que el anterior, pues está determinado qué bienes pertenecen a cada uno de los cónyuges. En caso de no poder acreditarse a cuál de los cónyuges pertenece un determinado bien, se atribuirá a ambos por mitad

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